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sábado, 2 de febrero de 2008

Tres

- Es tu madre al teléfono, ya ha llamado cuatro veces. Lo siento, no me acordé de tu cumple..
-Pásamela, -le interrumpe Micaela-, y ha decidido no mirarlo a la cara, porque quiere que Jaime sepa que se siente decepcionada con él.
- Hola mami, y sólo con pronunciarlo ya se siente mejor. Mami. ¿Cuántos años más tenía que cumplir para pasar a llamarla mamá?
- Hola cariño, Felicidades! y en milésimas de segundo de silencio, su madre percibe lo que perciben todas las madres del mundo y le pregunta: ¿Qué te ocurre? ¿No habrás estado llorando?
- Mamá, por favor...e intenta evitar el tono, que al final le sale.
-Uyuyuy, no discuto contigo recién levantada, ya te conozco y no me vas a pillar, toro. Que sepas que te he llamado cuatro veces y que tu marido me ha cogido el teléfono de muy malas pulgas. ¿No se iba a jugar al futbol hoy? Tu padre está aún durmiendo, y es que desde que se ha hecho viejo no sirve para nada, dice que le duele la cabeza porque tiene gripe y lleva así dos meses. Un día se muere y nos da un disgusto a todos. Domingo tenía que ser tu cumpleaños, ¡no me gustan nada los domingos!... En fin, que te quiero cariño. Os esperamos a comer a las 2, todos.

Micaela se queda mirando al teléfono entre sus manos, su madre ni siquiera le ha dejado decir adiós antes de colgar.

-Son las las doce y media y no tengo ni un sólo mensaje...extrañada Micaela, empieza a jugetear con el móvil hasta que descubre lo que ya sabía, que Jaime había tenido la desfachatez, otra vez, de leerle sus mensajes. Pero hoy es su 33 cumpleaños, ya le ha llorado lo suficiente a los 32 antes de enterrarlos y está decidida a quitarse el bajón.

Sube las persianas, corre las cortinas y abre las ventanas, dejando entrar una brisa fresca que le llega a Micaela al alma renovándola desde dentro. Arranca las sábanas de la cama, recoge su ropa, que está en la butaca del vestidor y recoge también la de él, esparcida por el suelo, y cargada como va, aún se acerca a por ropa limpia a la cómoda, pasa al salón y hace lo mismo con sus ventanas.

Mientras, Jaime ve la tele, ya ha acumulado 2 cafés, los restos de la tarta de manzana que Micaela había hecho el día anterior y dos cervezas. Y todo está sobre la mesa del salón, junto con el periódico de Deportes, el cenicero a rebosar y el plato con huevo pegado de la noche anterior.

-Micaela nena, ¿pero qué te pasa? ¿Es por lo de tu cumpleaños? ¿O es porque no has dormido bien y estás de mal humor? le pregunta Jaime, sentando desde el sofá marrón de 6 plazas, especialmente diseñado para albergar a sus amigos en las retransmisiones de fútbol.
-Jaime, y pronuncia su nombre con tranquilidad y voz almibarada. Vete a la mierda.

Introduce un disco en el equipo de música, pone el volumen a 23 y dejando a Jaime con la palabra en la boca, desaparece por el pasillo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por este capítulo.
Por cierto interesante: "Into the wild" (libro de Jon Krakauer y t.b. peli de Sean Penn), sólo por si a Micaela la da por irse de paseo.

El Anacoreta Urbano dijo...

El volumen a 23. Pienso que ella anhela esa edad.