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jueves, 14 de febrero de 2008

Cinco

Micaela presagia que algo ha pasado en su interior, una especie de revelación, algo que ya sabía su subconsciente ha pasado al consciente de una manera instantánea, como si recuperara el recuerdo de un pensamiento profundo y antiguo.

-Esta no es mi vida.

Percibe en su interior una urgencia de cambio que la abruma de repente y no sabe qué hacer.

- Si pudiera coger mis cosas y largarme de aquí, huir, salir de la prisión en la que yo misma decidí encarcelarme hace ya 12 años...

Pero el teléfono suena y Micaela se sobresalta interrumpiendo sus pensamientos. Mira en la pantalla, comprueba que es su amiga Isabel, y entonces descuelga el teléfono.

-Hola Isabel, y su voz suena triste, melancólica.
- Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te desea Isabeeel, cumpleaños feliz. Jajajaj, hola, hola, bromea Isabel, toc, toc, ¿hay alguien al otro lado del aparato?
- Isabel...
-¿Qué pasa princesa? Isabel casi siempre la llama así, princesa. Son amigas desde el colegio, han pasado sus vidas la una cerca de la otra, y no hay secretos entre ellas.
- Pasa lo que tarde o temprano tenía que pasar, que he despertado. Pero ahora no es buen momento para hablar, Jaime ha bajado a la pastelería y está a punto de llegar. Además, como te dije el jueves tengo comida familiar en casa de mis padres y tengo la hora pegada al culo, ya sabes cómo se pone mi madre si no estoy allí puntual.
- Uyuyuyuy, alcanza a decir Isabel.

En ese momento hace su entrada en el salón Jaime.

-Isabel, me paso a las 8 como dijimos. Por cierto ¿puedes recoger a Maite tú? Sara también tenía algo hoy y ella no puede traerla, me mandó un mensaje anoche.
-A la orden majestad!

Micaela entonces sonríe, e Isabel, aunque no la ve, lo sabe.

-Te quiero. Chao! Se despide Micaela.

3 comentarios:

La niña del agujero en el corazón dijo...

Creo que yo también voy a escribir una novela así..empezando cualquier día como hoy...

Suerte!

Carles Codina Calm dijo...

El amor es una fruta muy delicada, es muy difícil de encontrar su punto, tan pronto es verde y te deja un mal sabor de boca, cuando lo mordisqueas, ¡tan apetitoso que parecía! como es demasiado maduro y lo empalaga todo, nada se escapa a su omnipresencia.
Y en esta búsqueda de la fruta del paraíso, algunos se pasan la vida hincándole los dientes a frutos demasiado verdes en un incesante mordisqueo aquí y allá, y otros solo prueban uno o dos frutos tan dulzones que les aparta de volver a intentar saborear esa fruta.
...
La reina me parece que ha mordisqueado un fruto verde, pero no sabe como decirle al frutero que se la vendio que su fruta sabe a diablos,...

Humberto Peña dijo...

Fíjate que, andando de curioso, y a altas horas de la madrugada (por lo menos aquí) he dado con tu(s) blog(s).

Me han agradado (si no me hubieran agradado no los comentaría).

Saludos desde Tijuana.