Micaela presagia que algo ha pasado en su interior, una especie de revelación, algo que ya sabía su subconsciente ha pasado al consciente de una manera instantánea, como si recuperara el recuerdo de un pensamiento profundo y antiguo.
-Esta no es mi vida.
Percibe en su interior una urgencia de cambio que la abruma de repente y no sabe qué hacer.
- Si pudiera coger mis cosas y largarme de aquí, huir, salir de la prisión en la que yo misma decidí encarcelarme hace ya 12 años...
Pero el teléfono suena y Micaela se sobresalta interrumpiendo sus pensamientos. Mira en la pantalla, comprueba que es su amiga Isabel, y entonces descuelga el teléfono.
-Hola Isabel, y su voz suena triste, melancólica.
- Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te desea Isabeeel, cumpleaños feliz. Jajajaj, hola, hola, bromea Isabel, toc, toc, ¿hay alguien al otro lado del aparato?
- Isabel...
-¿Qué pasa princesa? Isabel casi siempre la llama así, princesa. Son amigas desde el colegio, han pasado sus vidas la una cerca de la otra, y no hay secretos entre ellas.
- Pasa lo que tarde o temprano tenía que pasar, que he despertado. Pero ahora no es buen momento para hablar, Jaime ha bajado a la pastelería y está a punto de llegar. Además, como te dije el jueves tengo comida familiar en casa de mis padres y tengo la hora pegada al culo, ya sabes cómo se pone mi madre si no estoy allí puntual.
- Uyuyuyuy, alcanza a decir Isabel.
En ese momento hace su entrada en el salón Jaime.
-Isabel, me paso a las 8 como dijimos. Por cierto ¿puedes recoger a Maite tú? Sara también tenía algo hoy y ella no puede traerla, me mandó un mensaje anoche.
-A la orden majestad!
Micaela entonces sonríe, e Isabel, aunque no la ve, lo sabe.
-Te quiero. Chao! Se despide Micaela.
jueves, 14 de febrero de 2008
Cinco
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viernes, 8 de febrero de 2008
Cuatro
- Por favor, ¿podrías pasar por la confitería de aquí al lado y traer una bandeja de pasteles? Le pregunta Micaela a Jaime, cuando en realidad lo que ella piensa es: ya que te has comido la tarta que hice para mi cumpleaños, al menos podrías tener la decencia de comprar algo.
Y así abandona él, sin meditar palabra, el piso.
Es entonces cuando Micaela se permite recoger todo el aire de la habitación y respirar profundamente mientras por sus tímpanos se cuela la melodía que transmiten los altavoces.
-Un momento de paz, piensa.
Se asoma al balcón para ver pasar a Jaime, se fija en su manera de caminar, observa su cuerpo, se detiene en su pelo, lo sorprende corriendo...y revela que no conoce a ese hombre.
Siente entonces el miedo ante la duda, el desconcierto y el desaliento, la pérdida de control de la cotidianidad.
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sábado, 2 de febrero de 2008
Tres
- Es tu madre al teléfono, ya ha llamado cuatro veces. Lo siento, no me acordé de tu cumple..
-Pásamela, -le interrumpe Micaela-, y ha decidido no mirarlo a la cara, porque quiere que Jaime sepa que se siente decepcionada con él.
- Hola mami, y sólo con pronunciarlo ya se siente mejor. Mami. ¿Cuántos años más tenía que cumplir para pasar a llamarla mamá?
- Hola cariño, Felicidades! y en milésimas de segundo de silencio, su madre percibe lo que perciben todas las madres del mundo y le pregunta: ¿Qué te ocurre? ¿No habrás estado llorando?
- Mamá, por favor...e intenta evitar el tono, que al final le sale.
-Uyuyuy, no discuto contigo recién levantada, ya te conozco y no me vas a pillar, toro. Que sepas que te he llamado cuatro veces y que tu marido me ha cogido el teléfono de muy malas pulgas. ¿No se iba a jugar al futbol hoy? Tu padre está aún durmiendo, y es que desde que se ha hecho viejo no sirve para nada, dice que le duele la cabeza porque tiene gripe y lleva así dos meses. Un día se muere y nos da un disgusto a todos. Domingo tenía que ser tu cumpleaños, ¡no me gustan nada los domingos!... En fin, que te quiero cariño. Os esperamos a comer a las 2, todos.
Micaela se queda mirando al teléfono entre sus manos, su madre ni siquiera le ha dejado decir adiós antes de colgar.
-Son las las doce y media y no tengo ni un sólo mensaje...extrañada Micaela, empieza a jugetear con el móvil hasta que descubre lo que ya sabía, que Jaime había tenido la desfachatez, otra vez, de leerle sus mensajes. Pero hoy es su 33 cumpleaños, ya le ha llorado lo suficiente a los 32 antes de enterrarlos y está decidida a quitarse el bajón.
Sube las persianas, corre las cortinas y abre las ventanas, dejando entrar una brisa fresca que le llega a Micaela al alma renovándola desde dentro. Arranca las sábanas de la cama, recoge su ropa, que está en la butaca del vestidor y recoge también la de él, esparcida por el suelo, y cargada como va, aún se acerca a por ropa limpia a la cómoda, pasa al salón y hace lo mismo con sus ventanas.
Mientras, Jaime ve la tele, ya ha acumulado 2 cafés, los restos de la tarta de manzana que Micaela había hecho el día anterior y dos cervezas. Y todo está sobre la mesa del salón, junto con el periódico de Deportes, el cenicero a rebosar y el plato con huevo pegado de la noche anterior.
-Micaela nena, ¿pero qué te pasa? ¿Es por lo de tu cumpleaños? ¿O es porque no has dormido bien y estás de mal humor? le pregunta Jaime, sentando desde el sofá marrón de 6 plazas, especialmente diseñado para albergar a sus amigos en las retransmisiones de fútbol.
-Jaime, y pronuncia su nombre con tranquilidad y voz almibarada. Vete a la mierda.
Introduce un disco en el equipo de música, pone el volumen a 23 y dejando a Jaime con la palabra en la boca, desaparece por el pasillo.
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viernes, 1 de febrero de 2008
Dos
Micaela se despierta, las sábanas se han enredado en sus piernas, la camiseta se le ha subido al cuello, y ha perdido sus calcetines de dormir mientras luchaba con la cama.
Ella tantea con su mano en el lado de él y siente el frío de las sábanas en su piel. El escalofrío que recorre su cuerpo la hace estremecerse y girar su cuerpo bruscamente, llamando de repente a su mirada los números rojos del despertador digital.
Micaela lee: 6 de Mayo, 12.17 horas, y ahora sí, ahora se da cuenta.
- Hoy es mi cumpleaños, conteniéndose un segundo, tragando para adentro por milésimas, consigue susurrar Micaela antes de que un ejército de lágrimas conquiste sus mejillas.
-33 se repite a sí misma para dentro, mientras por fuera no puede dejar de llorar.
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